Los bosques, la energí­a y el cambio climático & ahorro energético

Cuando se produce la tala de árboles se pierden recursos sustanciales para la producción de energía. Antes del petróleo, la madera era la principal fuente de energía para los seres humanos, ya que, a partir de ésta se podía cocinar y utilizar para la calefacción, aunque no se tomara en cuenta el ahorro energético; no obstante, se usaba de forma inadecuada. Actualmente, a través de la biomasa y las nuevas tecnologías, se le puede dar un uso más apropiado, sin desperdiciar ningún aspecto de la tala de bosques. Debido a que las energías renovables son cada vez más comunes y la opción más clara para combatir el cambio climático, la deforestación con fines energéticos se hará una actividad responsable.

Es evidente el consumo y el aumento de energía durante las últimas décadas, además de esto, las emisiones de los gases de efecto invernadero han provocado verdaderos estragos en las condiciones ambientales y climáticas. Cada vez son más las personas que mueren por olas de calor o por temperaturas bajo cero, lo que supone que, si no se cambian los hábitos de consumo, el planeta no va a perdonar ninguna acción que el hombre haga en contra de él. Recurrir al ahorro energético puede ser una opción viable pero no la única forma de crear nuevos hábitos de consumo. Asia, probablemente, sea el continente donde el consumo no ha parado de crecer de forma vertiginosa, no sólo por su población, sino por su economía. Satisfacer las necesidades de tantas personas dificulta el ahorro energético y la disminución de los GEI.

La importancia de reforestar y no deforestar los bosques

Si se pretende que el planeta sea un lugar más seguro para los seres humanos, se debe iniciar por la protección del ambiente, el ahorro energético y, por ende, la forestación o la reforestación de los bosques. Cuando se produce una deforestación todo el suelo fértil sufre un daño considerable, pudiendo destruir un ecosistema; son muchas las causas que pueden llevar a la deforestación, por ejemplo: la extracción de madera, espacio para la agricultura y la ganadería, los incendios, la construcción de más espacios rurales y urbanos, la plaga o enfermedades de los árboles. Cuando se hace con un fin económico, suele ser mucho menos justificable porque las consecuencias a largo plazo afectan no sólo al ambiente, sino también a un número considerable de personas. Es por ello que recurrir al ahorro energético puede ser lo mejor.

Reforestar un área que estuvo deforestada a través de las plantaciones, semillado o por la regeneración natural puede ser muy conveniente para la producción de bioenergía, debido a que se pueden evaluar previamente los mercados y las estructuras existentes para que los bosques no sufran por la producción de productos bioenergéticos. El ahorro energético también puede ser una variable para reforestar cualquier área productiva, ya que, a largo plazo es una solución para disminuir el consumo de las energías no renovables.

Durante muchos años, la práctica de la deforestación fue muy común. Los agentes comerciales talaban los bosques para plantar cultivos cuyos fertilizantes y químicos dañaban el suelo y sus nutrientes. Por otra parte, los ganaderos lo hacían para sembrar pasto para sus animales, sin tomar en cuenta el problema ambiental. Sin embargo, la deforestación en el mundo moderno se convirtió en una actividad común para la construcción de grandes edificaciones, lo cual hizo que el consumo de energía no dejara de crecer y que ahora el ahorro energético sea una necesidad para tratar de recuperar las condiciones previas del ambiente de hace millones de años.

La reforestación significa darle otra oportunidad al hombre y a la vez al ambiente, más aún si se realiza para fines energéticos sin dañar los suelos. Si se plantan árboles con la intención de seguir el camino de la biomasa, no sólo se podría producir energía de forma eficiente, sino colaborar con los bosques, los recursos naturales y el ahorro energético.

La producción de bioenergía

Cuando el cambio climático comenzó a ser una realidad más que evidente, los países desarrollados decidieron utilizar las fuentes de energías renovables como una medida para frenar el impacto que estaba teniendo. No obstante, tantos años de maltrato a la naturaleza no se pueden arreglar en tan poco tiempo. A pesar de que la producción de bioenergía es un hecho y el ahorro energético también, se debe realizar de diversas formas para tener diversas fuentes que los puedan sustentar. Además de esto, es necesario tener presente los costos de producción, las emisiones de los gases de efecto invernadero, la intensidad de la mano de obra y de las estructuras existentes para la producción.

Para que la producción de bioenergía sea rentable y amable con el ambiente, debe cumplir con ciertas condiciones; en primer lugar la cosecha de biomasa no debe ser mayor que el crecimiento en volumen y la eficiencia de conversión de los productos no se debería desligar de su utilización final. Asimismo, los sistemas de producción dependen en gran medida de las circunstancias nacionales y locales que presenten los países. Es por ello, que el ahorro energético se debe tener muy presente al momento de considerar la biomasa como una fuente energética.

Para que un cultivo energético sea sostenible, es necesario que la energía captada durante su cultivo o uso sea mayor a la que se consume en su producción. Por otra parte, si se trata de ayudar con el cambio climático, es necesario tomar en cuenta el tipo de combustible usado para la producción de los insumos energéticos y sus emisiones de gases. Toda actividad para producir energía de forma eficiente, consume algún tipo de energía, por lo que se debe reducir ese consumo si realmente se quiere contribuir con el ambiente de forma sostenible. No obstante, una de las grandes ventajas que representan los bosques y los árboles para la producción de biomasa, es que requieren menos insumos energéticos y son capaces de crecer en tierras menos fértiles que las requeridas por los cultivos agrícolas.

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